La montaña invernal es un entorno especialmente dinámico. La nieve depositada en cada ladera, collado o canal sufre distintos procesos que se desarrollan a lo largo de días y semanas.
Factores del terreno en la gestión del riesgo de aludes
hace 1 día · Artículos técnicosComo interpretar un boletín de peligro de aludes (BPA)
hace 1 semana
El boletín de peligro de aludes (BPA) constituye una herramienta fundamental para la planificació......
El terreno, elemento fundamental en la circulación segura en invierno, puede ser la solución cuando las condiciones no permiten total libertad. No se trata solo de leer y comprender un boletín de aludes, sino de interpretar el terreno como algo dinámico, sensible a la orientación, la altitud, al relieve y la acción del viento.
Según datos del Instituto Federal Suizo para el Estudio de la Nieve y las Avalanchas (SLF), las estadísticas de accidentes por aludes muestran de forma consistente que la gran mayoría de los accidentes están asociados a aludes de placa, aproximadamente el 95–97 % de los casos registrados, y normalmente desencadenados por los humanos, al producir una sobrecarga sobre el manto nivoso. Otros tipos de aludes, como los de nieve húmeda o los deslizamientos basales, también constituyen un peligro objetivo en la montaña invernal, pero es menos habitual que produzcan accidentes, son en torno al 3-5 % restante.
Para comprender y gestionar este riesgo, es necesario considerar de forma integrada todos los elementos que intervienen.
Es habitual representar los factores que determinan el peligro mediante un modelo triangular en el que cada vértice corresponde a uno de los tres elementos esenciales a la hora de planificar una actividad: condiciones, terreno y grupo.
- Condiciones: se refiere al estado del manto nivoso, meteorología reciente y la información que nos da el boletín de peligro de aludes (BPA).
- Terreno: es invariable y objetivo. Abarca la forma topográfica, la pendiente, la presencia de trampas, la orientación de las laderas, etc., y constituye el único vértice que no varía lo largo del tiempo.
- Grupo: incluye la experiencia, formación, cohesión y decisiones del equipo, así como su equipamiento y gestión de grupo.
El terreno, aunque invariable físicamente, sí que tiene una gran influencia sobre las condiciones de la nieve y las condiciones ambientales afectarán a la nieve de distinto modo en función de las características del terreno. La lectura del terreno debe integrar estas múltiples variables: la orientación, altitud, forma del relieve, influencia del viento o acumulaciones locales de nieve. Cada uno de estos factores afecta la estabilidad del manto y la posibilidad de avalanchas.
Orientación
La orientación de la ladera influye directamente en la estabilidad y los procesos de transformación de la nieve. Esto tiene una especial importancia en las latitudes medias, como es el caso de España. En latitudes ecuatoriales el sol está casi en la vertical mientras que en el ártico, en invierno, que no en primavera, el sol está muy bajo en el horizonte, con lo que no calienta lo suficiente.
Las laderas expuestas al sol, como las orientadas al sur, experimentan una mayor insolación, con lo que se produce una mayor humidificación de la nieve durante el día, por lo que los primeros días tras una nevada, cuando debido a la fuerte insolación se humedece la nieve habrá un mayor problema de nieve húmeda. También en primavera tendremos este problema, cuando los días son más largos y las noches menos frías. Así, en estas condiciones, las laderas umbrías serán más seguras. Los distintos ciclos de fusión y rehielo a lo largo de los días, con fuerte insolación por el día y temperaturas bajas y cielo despejado por las noches, favorecen una mayor estabilidad.

Sin embargo, las laderas orientadas al norte reciben menos radiación solar, lo que limita la consolidación del manto y favorece la formación y persistencia de estructuras frágiles en la nieve, como facetas. Estas condiciones de frío facilitan la conservación de capas débiles durante periodos prolongados, aumentando la inestabilidad a largo plazo. Un manto frío, con un mayor gradiente de temperatura, tiende a conservar capas débiles persistentes.
Es importante distinguir que las laderas sur presentan mayor riesgo de avalanchas de nieve húmeda en los días posteriores a nevadas y en primavera, mientras que las laderas umbrías concentran el mayor número de avalanchas de placa, que como hemos visto son las más frecuentes y las que causan la mayoría de accidentes. Datos de accidentalidad recopilados en Suiza y Canadá confirman que las orientaciones noreste son, con diferencia, las más frecuentes en accidentes por avalanchas desencadenadas por esquiadores (Schweizer & Jamieson 2001, Schweizer & Lütschg 2001).

Las orientaciones este y oeste, aunque a ambas les incide el sol, se comportan de forma diferente. Las laderas este reciben los primeros rayos del sol por la mañana, cuando las temperaturas ambientales aún son bajas, por lo que el calentamiento del manto es limitado. Las oeste, por contra, reciben el sol por la tarde, cuando la temperatura ya es mayor, por lo que se comportan más parecidas a las sur.
En días de gran nubosidad, donde no incide el sol, las diferentes orientaciones se comportan con muy poca diferencia entre ellas. Comprender cómo afecta la orientación a la estabilidad del manto es fundamental para la toma de decisiones.
Orientación respecto al viento
El viento redistribuye la nieve de forma selectiva, arrastra la nieve que hay a barlovento, tras un objeto, como puede ser una cresta o un collado y la acumula a sotavento, incluso dejando aquella zona sin nieve. El viento puede llegar a acumular espesores muy superiores a los que han caído, provocando grandes diferencias en cuanto a espesor. Durante el transporte de la nieve por el viento, los cristales sufren un redondeo, perdiendo su estructura original y compactándose progresivamente. Al depositarse en sotavento —detrás de crestas, cambios de pendiente, canales o irregularidades del terreno— la nieve forma una capa densa, cohesionada y relativamente rígida. Esta capa forma lo que se denomina una placa de viento.

Pero el problema no reside únicamente en la presencia de esta placa de viento, sino en lo que ya teníamos en el manto nivoso. Esta placa de viento puede depositarse sobre costras de rehielo o incluso escarcha superficial.

Desde el punto de vista mecánico, la placa de viento actúa como un elemento rígido apoyado sobre una capa más débil. Cuando se produce una sobrecarga, como el paso de un esquiador, puede colapsarse la capa débil y este colapso propagarse, dejando libre a la placa de viento para deslizarse. Los estudios muestran que el desencadenamiento por esquiadores es más común en laderas umbrías y/o a sotavento, precisamente donde se conjugan los factores que hemos descrito, menor consolidación del manto por falta de sol y acumulaciones por acción del viento.

La buena noticia es que las placas de viento es posible reconocerlas: tienen una forma suave, redondeada, de color blanco mate. Se sienten como una placa dura encima de otra más blanda. Además de reconocerlas, también podemos ver cómo ha soplado el viento; la presencia de cornisas, zonas sin nieve, sastrugis (ondulaciones y crestas en la nieve formadas por el viento), todo esto son indicios de dónde pueden estar presentes las placas de viento. Pero no te olvides: tras una nevada, todo esto puede quedar enterrado.
La identificación de estas placas sobre el terreno, combinada con la información meteorológica reciente sobre la dirección del viento, permite anticipar las zonas de mayor riesgo.
La pendiente
Con la gravedad hemos topado, cuanta más inclinación mayor facilidad de deslizamiento, pero hasta cierto punto. Coge una revista, colócala en una tabla de cortar y ve inclinándola, pasado un determinado punto no serás capaz de mantener la revista, siempre se deslizará. A la nieve le pasa lo mismo. En pendientes muy abruptas las purgas de nieve son más frecuentes y tiende a acumularse una menor cantidad.

La probabilidad de que se produzca una avalancha aumenta con la inclinación de la pendiente, pero no de manera lineal. Aproximadamente a los 30° comienza a aumentar la probabilidad, hasta los 39° aproximadamente, donde el peligro comienza a disminuir. Esto no significa que en una pendiente mayor a 40º no se produzcan avalanchas. Tan solo que se producen con menor frecuencia. Las inclinaciones entre 34º y 45º son las más peligrosas ya que en ellas es donde se producen la mayor parte de las avalanchas (Schweizer & Jamieson, 2001). Este rango coincide precisamente con pendientes suficientemente inclinadas para que la nieve se deslice, pero no tanto como para que se purgue de forma natural con frecuencia. Es importante destacar que nuestra percepción visual tiende a subestimar las pendientes reales. Las mediciones revelan que las pendientes suelen ser entre 3º y 5º mayores de lo valorado inicialmente a ojo por los esquiadores.

Werner Munter, en su método de reducción presentado en el libro '3x3 Avalanchas' (2002), propone para planificar las rutas que la pendiente máxima aceptable disminuye progresivamente a medida que aumenta el grado de peligro de aludes:
- Con peligro moderado (2) no se recomienda superar los 39°
- Con peligro notable (3) el límite se sitúa en 34°
- Con peligro fuerte (4) en 30°
Munter señala que la aplicación sistemática de estos umbrales habría evitado aproximadamente dos tercios de los accidentes mortales documentados. Vemos que la pendiente constituye uno de los criterios más importantes para circular con seguridad.
No obstante hay que remarcar que las capas débiles pueden colapsar a distancia, es decir, desde zonas menos inclinadas, sobre todo cuando está presente una capa débil persistente y hay un peligro fuerte de avalanchas. En este caso no solo importa la inclinación de la ladera en la que estamos, sino también la inclinación de aquellas laderas que la rodean. Podemos movernos por una pendiente de 20º, pero si por encima tenemos una pendiente de 39º y colapsamos la capa débil, es posible desencadenar una avalancha que se nos venga encima.
La medición objetiva de la pendiente, mediante clinómetro o aplicaciones móviles, es fundamental, ya que nuestra percepción visual tiende a subestimar las inclinaciones reales. Esta capacidad de evaluar la pendiente de forma precisa será clave cuando la combinemos con la información del boletín de peligro de aludes.
La lectura del terreno es una habilidad que se desarrolla con la experiencia y el conocimiento. Orientación, pendiente y la acción del viento son factores objetivos que, interpretados correctamente, permiten identificar las zonas de mayor y menor riesgo. Esta información, combinada con el análisis de las condiciones del manto nivoso y las capacidades del grupo, constituye la base de una toma de decisiones informada en la montaña invernal.
El terreno no varía, pero nuestra capacidad para leerlo e interpretarlo determina en gran medida nuestra seguridad en la montaña. En el próximo artículo veremos cómo traducir la información del boletín de peligro de aludes a decisiones concretas sobre el terreno que acabamos de analizar.
Referencias
Munter, W. (2002). 3x3 Avalanchas: La gestión del riesgo en el alpinismo invernal. Desnivel.
Schweizer, J., & Jamieson, J. B. (2001). Snow cover properties for skier triggering of avalanches. Cold Regions Science and Technology, 33 2-3), 207-221. https://www.slf.ch/fileadmin/user_upload/WSL/Mitarbeitende/schweizj/Schweizer_Jamieson_Snow_cover_propertiers_skier_triggering_CRST_2001.pdf
Schweizer, J., & Lutschg, M. (2001). Characteristics of human-triggered avalanches. Cold Regions Science and Technology, 33 2001 147–162. https://www.slf.ch/fileadmin/user_upload/WSL/Mitarbeitende/schweizj/Schweizer_Luetschg_Skier_avalanches_CRST_2001.pdf
SLF - Instituto Federal Suizo para el Estudio de la Nieve y las Avalanchas. Estadísticas de accidentes por avalanchas. https://www.slf.ch
Techel, F., & Zweifel, B. (2013). Avalanche accidents and avalanche danger. In Proceedings of the International Snow Science Workshop 2013 – Grenoble – Chamonix Mont-Blanc (Paper P1-08). Montana State University. https://arc.lib.montana.edu/snow-science/objects/ISSW13_paper_P1-08.pdf
El autor
Con más de 20 años practicando alpinismo, escalada y esquí, vive la montaña desde la experiencia y el respeto que solo da el tiempo en ella, disfrutando de actividades donde la montaña dicta el ritmo. Como técnico deportivo superior de alta montaña y técnico deportivo de escalada, comparte lo aprendido con quienes buscan vivir la montaña.
Más artículos
Rapel con el Beal Escaper desde anclajes naturales o de gran diámetro
Desde que salió al mercado el Escaper de Beal, se ha convertido en la he...
Kit básico para rescate en glaciar
Para todo esquiador de montaña, realizar una ruta como la Chamonix-Zerma...
Cómo elegir el mejor cabo de anclaje: tipos, errores comunes y opciones seguras
Existen muchos, decenas de sistemas que podemos usar como cabo de anclaj...
Como interpretar un boletín de peligro de aludes (BPA)
El boletín de peligro de aludes (BPA) constituye una herramienta fundame...
